SUPERESPÍAS

Página dedicada a los SUPERESPIAS que han poblado de imagenes nuestras grandes y pequeñas pantallas.

1966 DEREK FLINT / MATT HELM

Tras OPERACIÓN TRUENO, la saga James Bond sufre un revés. Sean Connery no quiere seguir encarnando a 007… la productora busca soluciones por doquier, pero mientras la película anual de nuestro súper agente no llega a la pantalla en este año de 1966. Este hecho provoca que muchas productoras se lancen a buscar un sustituto que capte la atención de un público ávido de acción, misterio, erotismo y guerra fría.

Italia se vuelve loca y empieza a coproducir con media Europa películas de espías, de repente, las pantallas de todo el mundo solo conocen films de superagentes. Ya hemos hablado de los casos italianos y franceses. Ahora es la industria USA quien propone a dos súper-espías, que al final tienen más de parodia que de filmes claramente competitivos.

FLINT

DEREK FLINT es junto a su secuela (solo hubieron dos) un caso atípico y curioso, aunque muy típico de la visión que tienen los americanos de los filmes de James Bond, simplemente no se los toman en serio, quizás por esta razón sus propuestas de agentes secretos están planteados en plan de comedia, irónica, pero comedia. Es la época de Matt Helm, de Napoleón Solo, de “Yo soy espía” y de “Misión Imposible”… sin olvidarnos del rey de la parodia: “GET SMART” el Superagente 85.
De entrada el agente que nos ocupa lo interpreta uno de los “7 magníficos”, el cachondo JAMES COBURN. Flint es un súper-héroe, un poco “popero” , tanto de estética, como de personalidad, a pesar de su elegancia, se viste de “sport” y no pierde demasiado tiempo seduciendo a las mujeres, estas caen rendidas a sus pies sin que este haga demasiado. Flint puede llegar a parecer incluso ridículo (algo impensable en James Bond) pero siempre es por alguna razón aún más estrambótica. No tiene demasiados “gadgets” pero su encendedor es único, además de su reloj despierta/muerto que lo hace parecer sobrenatural… Flint no duerme, se muere. Así descansa mejor. Las películas son ligeras y divertidas llenas de vestidos alegres y de colores… ¿los guiones?... no importan demasiado, todo gira alrededor de nuestro héroe y de su contrapunto el jefe Cramden. Flint, además aparece como un profeta de los futuros bonds: destruye una isla antes que 007 o se va al espacio antes que él. Y no quiere, porque tampoco puede, competir con el gran agente, ni tiene espectaculares decorados, ni secuencias impresionantes de acción. Flint representa una especie de borrador de lo que décadas después seria la gran parodia del bondismo: AUSTIN POWERS.

Un clásico de culto, sin duda alguna. Es una lástima que no se atrevieran a producir una tercera entrega (“The Bride of Flint”). Después volverían a resucitar al personaje en una oscura (y desconocida) película/piloto para TV con un inexpresivo y poco divertido Ray Danton,
-aunque con experiencia en el mundo de los pseudo-espías europeos- al parecer se intento resucitar el humor del original cinematográfico, pero sin demasiado éxito.

¿Quién es Derek Flint? Lo que no es, pese a al título español, es precisamente un agente secreto, pues Flint es un individualista que no ha obedecido una orden en su vida.
Es, física e intelectualmente, un superhombre. Su expediente es impresionante: Soldado de fortuna en una docena de guerras de categoría y revoluciones menores. Tres ascensos en el campo de batalla. Estados Unidos le concedió la Medalla de Honor y Francia le recompensó con la Croix de Guerre. Ostenta títulos de diecisiete universidades de distintas nacionalidades (entre ellos el de físico nuclear), y está versado en veinticuatro deportes. En ocasiones ha sido boxeador profesional, con cincuenta combates ganados; danzarín, doctor, dentista, abogado y honorable jefe indio. Habla cuarenta y dos lenguajes y dialectos fluidamente. Conoce el lenguaje de los delfines. Ciñe el Cinturón Negro del judo. Tiene el campeonato olímpico de la lucha griega, la esgrima, el salto, la natación y la equitación. Experto hombre-rana. Es escritor. Numerosas galerías de arte se honran exhibiendo sus cuadros. Toca el piano, el violín, la trompa y los tambores, y una vez dio un recital de órgano en la catedral de Notre Dame . Es todo un gourmet . Un auténtico hombre renacentista, que por encima de todo ama la libertad. El personaje de Flint está definido a partir de James Bond, pero llevando más allá, al summum en todas sus cualidades. Es la encarnación de lo ultra-cool


OUR MAN FLINT (Flint, agente secreto) de Daniel Mann (1966)


A primera vista puede parecer un film deliciosamente ridículo. Pero no ridículo por ser malo, sino que posee una gran calidad. Su ridiculez es intencional, hasta el punto de convertirse en un filme de culto.
E aquí una interesante critica de Ben Wade sobre esta primera entrega:

“Aquí llega Derek Flint, el amante, el luchador, el hombre que entrena su esgrima contra dos oponentes y atiende un serrallo internacional, que enseña ballet a los moscovitas y tiene un Jackson Pollock reversible en su salón, que caza moscas con dardos impregnados de curare, que tumba enemigos a golpes en el colodrillo y hace cambiar de bando a las peores villanas con sus irresistibles técnicas, que posee el mechero más peligroso del mundo y el reloj de cualquier uso, que conoce todo lo conocido y lo otro también, dominador de la mente y el cuerpo capaz de parar su propio corazón, maestro del disfraz instantáneo, mito, realidad. Elegido por un superordenador para salvar el mundo, todo lo que puedas hacer él lo hará mejor, así que, apártate y aplaude. Lástima de la plana dirección del discreto Daniel Mann, que desaprovecha la estupenda escenografía pop y el delirio “kistch” que parodia/explota la saga Bond con gracejo y mala baba intermitente aupada sobre el carisma y la pose de un James Coburn genial.
Aun así un título muy disfrutable, repletito de “sci-fi” de derribo y sicalipsis bailona que además deja las curvas de la belleza semítica de Gila Golan y la presencia como malvado de Edward Mulhare, sosias de Michael Caine con una gota de Patrick MacNee, que fuera el mítico “Devon Miles” de la muy ochentena “El coche fantástico”, su secuela “F de Flint” la supera a base de apurar la absurdez y el cachondeo.

No hay que olvidar la extraordinaria partitura del siempre genial JERRY GOLSMITH que llena de música de los 60 las dos películas dedicadas a nuestro hombre Flint.



IN LIKE FLINT (F de Flint) de Gordon Douglas (1967)

Una sociedad secreta de mujeres, encubiertas tras un salón de belleza querrá hacerse con el dominio del mundo. Para ello no dudarán en raptar al mismísimo Presidente de Estados Unidos. El agente secreto Flint será el encargado de detenerlas.
Con una sinopsis así, el aficionado esperaba una sesión divertida "a tope", y sin embargo el guión tiene muchas lagunas, huecos enormes. Incluso hay bastante diálogo que, ni contribuye a la acción ni es particularmente gracioso. Cobb tiene más escenas que en el filme anterior, y si bien es un excelente actor el guión le ayuda demasiado a su buen hacer (la escena de la seducción en el restaurante se hace larga, así como cuando recibe las supuestas cenizas de Flint). Aunque Coburn lo compensa ampliamente, irradiando la pantalla con su carisma, y proveyendo los momentos más cómicos (en especial, cuando se empeña en hablar con los delfines). Hay pocas escenas de acción, y alguna secuencia pretendidamente humorista que no acaba de encajar. Quizás uno de los mejores momentos es el viaje de Flint en el avión que le lleva a Cuba, con un Karaoke incluido (años antes de que existiera), y disfrazado como el Che Guevara.
F DE FLINT, no es un film malo, pero podría haber sido mucho mejor. Hay un buen esfuerzo de producción, la música de Goldsmith, hermosas mujeres y paisajes exóticos, pero el guión es débil. Aún así resulta más visible que los cientos espías italianos que en la misma época pululaban, en un sin sentido, por todo tipo de países y de pantallas.
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Actualmente DreamWorks tiene los derechos sobre un posible “remake” de Flint, pero de momento no existen ni siquiera rumores de se vaya ha rodar. Y, a pesar de Austin Powers el único capaz de ocupar el lugar del agente Derek Flint (en plan supercachondeo) pero, sinceramente no creo que exista hoy en día, un actor que combine prestancia, presencia, carisma, buena actuación y “timming” cómico como poseía él soberbio James Coburn.





MATT HELM


Reportaje copiado y arreglado de Alejandro Franco (http://www.sssm.com.ar/)


Las películas de Matt Helm parten de la creación literaria de Donald Hamilton en 1960. Su primera aparición fue en la novela Death of a Citizen, donde crea a un agente de inteligencia retirado, casado y con hijos. Uno de ellos es secuestrado por una ex-amante y compañera del servicio secreto que resulta ser una doble agente trabajando para los rusos. Helm la persigue y tortura hasta poder recuperar a su hija, pero su esposa - descubriendo el cuerpo mutilado de la espía - no resiste y lo abandona.
Como puede verse, el tono de las novelas de Hamilton difiere enormemente de los films que todos conocemos de Dean Martin, pero también se aleja mucho de la línea de libros de Ian Fleming. Mezcla tanto la rutina diaria (y hasta monótona) del espionaje de Len Deighton o John Le Carré, con cierto salvajismo muy propio de las novelas de Mickey Spillane (autor del célebre Mike Hammer). En muchos casos, Helm es realmente un asesino al servicio del gobierno. Y ciertamente el tono de las novelas de Hamilton bajaría un poco su descarnada violencia en las siguientes entregas (y en algunas incluso, su personaje tiene algún rasgo de comedia que lo acercaría mínimamente a su imagen cinematográfica), pero siempre hay un tono oscuro en sus relatos. No puede acusarse a Hamilton de ser un imitador o de alguien que se hubiera subido a la Bondmania de los 60, pero sí es uno de los autores que surgen cuando el género literario del espionaje comenzaba a tomar vuelo. Antes de ello, Hamilton escribía westerns y había desarrollado algunos guiones para Hollywood, como la excelente The Big Country (Horizontes de Grandeza) (con Gregory Peck y Charlton Heston).

Pero el culpable máximo de que pasara lo que pasó no es Hamilton (que es un respetable novelista), sino Irving Allen - casualmente un ex-socio de Cubby Broccoli -. La sociedad Allen-Bróccoli se disolvió después del fracaso de The Trials of Oscar Wilde (Los juicios de Oscar Wilde) (Ken Hugues, 1960), que se hundió en taquilla por exponer un tema tan polémico la homosexualidad de Wilde. Y el próximo proyecto de Broccoli sería precisamente desarrollar el primer film de James Bond .
Después del divorcio comercial Allen desarrollaría varios proyectos fílmicos, entre ellos la terrible Genghis Kan (Henry Levin, 1965). Pero sin duda alguna se mordería los puños al ver el impresionante éxito de su ex-socio tras el arrasador estreno de Goldfinger (1964). Decidido a no dejar pasar una nueva oportunidad, se subió al carro de la Bondmanía tomando a Matt Helm como escudo para desarrollar su propia serie de superagentes secretos contra villanos que desean controlar el mundo.
Como ya he comentado, salvo algunos nombres y situaciones, los films de Dean Martin no tienen nada que ver que las novelas, de ello sólo se pueden deducir que Allen decidió orientar su propia serie de espionaje hacia cierto disparate “camp” muy similar a la serie televisiva Batman (que causaba furor en aquel momento) con tramas, decorados y villanos de pacotilla.
Los films de Matt Helm copian el molde de James Bond, pero poseen la décima parte de presupuesto, crean sus propias organizaciones enemigas (la I.C.E. contra La Gran O), exageran los peores aspectos de los films Bond, los satura de mujeres en ropa interior, exacerbando los hábitos mujeriegos del agente, haciendo chistes sexistas (malos por cierto) , y careciendo de todo el encanto y estilo que caracteriza a 007. Y se debe sumar a esto una galería de directores que en conjunto ni siquiera llegan a la altura de un mediocre artesano.
Sin embargo, los films de Matt Helm fueron inexplicablemente populares en su época. Muchos puristas consideran que las películas de la serie son malas. En realidad son terriblemente malas, pero tanto que resultan divertidas. Si usted es un fan de los libros de Donald Hamilton seguramente se sentirá humillado por el sacrilegio que han hecho con el personaje. Pero para el espectador medio, son tan entretenidas como ver cualquiera de las obras de Ed. Wood Jr. Y es que son películas tan excepcionalmente torpes y amateurs que provocan risas inintencionadas, aún en los pasajes más serios.
En primer lugar está la presencia de Dean Martin. Martin era un comediante muy bueno, con una gran experiencia cómica aprendida en su época de dúo con Jerry Lewis. Además de ser un buen “corner” y de estar integrado en el Rat Pack de Frank Sinatra, poseía un carisma y una chispa que lo hacía un personaje muy simpático. Al contrario de lo que muchos creen, Martin no era un bebedor empedernido, pero había cultivado la fama de tal y la usaba como chascarrillo frecuente. Ese gag sería transplantado a la serie de films de Matt Helm, donde en realidad Martín lo único que hacía era interpretarse a sí mismo y buena parte del tiempo repetir sus rutinas sobre su supuestos hábitos alcohólicos y mujeriegos.
Sin el carisma de Martin estos films no hubieran podido sobrevivir (ni la carrera de Martin tampoco). También es importante destacar que Martin ya estaba bastante mayor para la época en que se filmaron las películas (49 años) y con un estado físico no muy interesante con lo que identificar a Martin como un letal agente secreto es uno de los mejores chistes de la serie. Sus combates cuerpo a cuerpo pueden definirse, en el mejor de los casos, como lamentables.


THE SILENCERS de Phil Karlson (1966)



The Silencers es el primer film de la saga y el único que nunca se estrenó comercialmente en España, solo pudo verse en un pase en tv en un canal de pago. Esta vez cae bajo el cuchillo del guionista dos novelas, quizás las más crueles de la serie (The Silencers y Death of a Citizen). Pero todo acaba convirtiéndose en una copia mala de Dr. No, con villano oriental y desvío de misiles incluidos. Durante los quince primeros minutos vemos a Martin haciendo de las suyas, besando a todas las chicas que se le cruzan, y entreteniéndose con los juguetes electrónicos del departamento de soltero ideal que solían presentar las películas americanas de entonces, pero una vez pasada esa etapa, y con Helm involucrado en la misión, el rumbo del film es bastante correcto y serio, con algunos leves toques de comedia.
Martin es acompañado por otra agente de ICE, interpretada por Daliah Lavi (a quien veremos también en la versión 1967 de Casino Royale)  a Phoenix, donde supuestamente el científico nuclear desertará y entregará una cinta con los datos del lanzamiento. El operativo sale mal, la compañera de Helm resulta lastimada, y entra a jugar una torpe espectadora de los sucesos (interpretada por Stella Stevens), quien toma la cinta por error, y de la cual Helm sospecha que es agente de Big O ya que la ha visto en compañía de hombres de dicha organización. Sobre una pista, Helm y Gail Hendrix (el personaje de Stevens) irán a parar al pueblo de San Juan, descubriendo movimientos de agentes enemigos y siendo apresados por éstos, terminando en  ...la guarida subterránea ! del villano Tung Tze, interpretado por Victor Buono.

En todo este trayecto, Martin irradia su carisma habitual, aunque las escenas cómicas se los lleva Stella Stevens que parece emular a su antiguo compañero Jerry Lewis  ya que se convierte en una torpeza ambulante, llevándose cosas por delante o tirando por accidente objetos a cada rato. Algunos de los mejores momentos de comedia del film se deben a ella, y sorprendentemente las bromas sexistas o sobre licores que serían habituales de la saga están medidos. Lo que no quita que Stevens o el resto del cast femenino no aparezcan a cada rato en paños menores, pero aún así no son las salvajes alusiones machistas que explotarían en las siguientes películas. Están presentes los baratos gadgets de Helm, en especial una pistola que dispara al revés, o unos botones explosivos que nunca demoran para detonar los tres segundos que dice el guión. Y por supuesto, las bromas personales a su amigo Frank Sinatra (Helm pone la radio, escucha una canción de Frankie e inmediatamente cambia el dial, sintonizando otra emisora que pasa una tonada del mismo Dean Martin... a lo cual replica "este tipo realmente sabe cantar").
Lo que sí es notorio, es lo bajo del presupuesto. La guarida subterránea parece construida con bolsas de consorcio y papel maché, el centro de mando son un par de racks con cintas de computadoras apoyados contra unas cortinas, y los pocos coches que hay en el film son los mismos que se ven una y otra vez, sin importar el bando que los use. Sin embargo, no sólo a nivel de guión el resultado es mejor que los otros films, sino a nivel actoral. Victor Buono interpreta con cierta finura al villano. Y, en términos de acción, Martin se desenvuelve mejor, aunque las escenas de persecuciones o tiroteos resultan bastante sosas, filmadas sin demasiada tensión.
Primera entrega de la serie; es una película mejor construida que las que siguen, pero no resulta demasiado cómica. Al menos intenta jugar más en los terrenos de un 007 de segunda que en una mala comedia machista. Como siempre, las mujeres de la serie se ven más deslumbrantes que las de la saga Bond original, pero los valores del resto de la producción son muy menores.






MURDERERS' ROW ( Matt Helm, agente muy especial) de Henry Levin (1966)


Julian Wall (Karl Malden) quiere utilizar un rayo incendiario inventado por el profesor Norman Solaris (Richard Eastham) para destruir Nueva York. Solaris debe esconderse para evitar ser secuestrado por Wall. El agente Matt Helm y la hija del profesor, Suzie Solaris (Ann-Margret), intentarán localizarlo primero para evitar que sea secuestrado.

Siguiendo el mismo esquema que la anterior película, en esta lo más divertido es comprobar que Matt Helm puede ser tan bueno con las mujeres como 007 pero desde luego parece estar más ocupado en divertirse y beber sin parar. La parodia es evidente y el film solo funciona como tal, todo lo que hace referencia a la acción es flojo flojito, y solo es destacable la presencia de un Karl Malden en plan histriónico (parece salido del ultimo film de Harry Palmer: “UN CEREBRO DE UN MILLON DE DOLARES”), y de la siempre atractiva ANN-MARGRET que se marca un sensual baile de go-go en plena discoteca.





THE AMBUSHERS (Emboscada a Matt Helm) de Henry Levin (1967)



“The Ambushers” es una candidata constante en estos sitios donde eligen al peor film de la historia y que suelen hacer los críticos todos los años. Sin duda es un film malo, pero como pasa con los filmes de la serie Helm, es tan bizarro que al menos entretiene. El argumento es estúpido, los diálogos lamentables, las persecuciones y peleas son atroces, las gracias de comedia están mal construidas, y el nivel actoral es de escuela primaria. Para algunos actores de renombre participantes en la aventura, poner un film como este en su curriculum debería ser vergonzoso. El nivel de amateurismo es atroz, especialmente en la dirección de Henry Levin. Lo único bueno que hace Levin es que, al menos, las cosas siempre estén en movimiento, y el ritmo no decaiga nunca.
¿Para qué adquirir los derechos de un personaje literario si ni siquiera se usa el 5% del material original?. Pero Hollywood habitualmente hace ese tipo de atrocidades y otras peores. Ya dijimos que Helm es un personaje oscuro, y que no va con el perfil simpático de un comediante como Martin (si bien Dean ha demostrado ser un buen actor dramático en otras oportunidades). Pero los guiones (por llamarlos de alguna manera) toman libremente cosas de una novela o de otra de la serie, apenas algunas referencias y nombres de personajes (como en este caso, el nombre de Sheila), y los bate con argumentos flojos y malos chistes.
Tomemos por ejemplo, el platillo volante norteamericano que solo puede ser piloteado por mujeres, ya que el campo anti gravitacional es mortal para los hombres por su testosterona. O el sostén parlante. O el arma que desata cinturones masculinos. Hay más ideas como estas en el film: cinturones que con el agua se ponen duros como un garrote, pistolas anti gravitacionales que pueden bajar el cierre del vestido de una mujer, pero esta todo rodado con tan poca gracia que ni siquiera funcionan como “gags”. Levin es un director que rivaliza furiosamente con Ed Wood; no solo los actores parecen aburridos del rodaje, sino que técnicamente parece obra de un demente como la escena del fusilamiento que provoca vergüenza ajena.
¿Lo mejor?. Otra vez, las bromas sobre Sinatra. Helm intenta seducir a agentes novatas poniendo “Everybody Loves Somebody Sometimos” (cantada por Martin)... pero solo caen en sus brazos si pone a Sinatra y su “Strangers in the Night”. Entonces Martin dice : "no sabía que te gustaba tanto Perry Como".

La mayoría de las situaciones resultan graciosas más por ridículas que por inteligentes, y por el carisma de Dean Martin, al cual se le perdona cualquier cosa. La música está muy bien, con el estilo “jingle”de Hugo Montenegro. Las chicas lucen fantásticas con sus vestidos minis, y Salmi y Kasznar son actores demasiado buenos para estar en una cosa así. Es un film salvajemente ridículo, pero divertido y sin pretensiones, aunque los momentos más graciosos no sean los que haya imaginado el guionista. 




THE WRECKING CREW (La mansión de los 7 placeres) de Phil Karlson (1969)



The Wrecking Crew (literalmente: “El equipo arrasador”) es la cuarta y última entrega de la serie de parodias de espías de Matt Helm. En este caso, se toman conceptos de dos novelas de Hamilton; pero mientras The Wrecking Crew literariamente trataba de Helm cazando a un cerebro criminal en Suecia (de nombre Caselius, como el personaje de Albert Salmi en The Ambushers) aquí se inventa un robo billonario de lingotes de oro que pone en peligro a la economía mundial. Y a pesar de tomar ideas de dos libros, no se obtiene un guión medianamente decente, o siquiera un film entretenido.
Pero el principal problema de “The Wrecking Crew” es que tiende a remendar los excesos y atrocidades varias que caracterizaban a la serie (y que entre nosotros era lo más divertido), e intenta tomárselo en serio. En ese sentido, el film es una paradoja : técnicamente es mucho mejor que las películas anteriores pero como espectáculo es un bodrio. Por ejemplo, las peleas son excelentes si las comparamos con el resto de las entregas ( Martin a pesar de sus 52 años edad, hace un despliegue físico que sería la envidia de Roger Moore y pelea dignamente, volteando gente y lanzando patadas voladoras), aunque no faltan ni los planos mal sincronizados donde el puño pasa a dos metros de la cara de otro, o las escenas donde resulta obvio que son dobles.

Pero si bien la factura es buena  (o mejor que los films anteriores), el problema pasa por el lado creativo. Parece que todo el mundo, a estas alturas, se encontraba harto de la serie. Para empezar por el propio Dino, que luce terriblemente viejo y cansado y en esta película luce realmente como si estuviera borracho. Arrastra las palabras, entrega las frases sin gracia, se limita la mayor parte del tiempo a gesticular. Ciertamente Martin es un actor capaz, y un tipo dotado para la comedia, pero en The Wrecking Crew parece un sonámbulo. El problema es que sin chistes malos ni ideas locas (que eran la “gracia” de la serie), la película pierde personalidad. El argumento es definitivamente chato, y como comedia - aunque sea involuntaria - tampoco funciona. No inventa situaciones cómicas, por el contrario sigue una línea argumental demasiado lineal. No hay rayos mortales ni naves espaciales, el asunto gira acerca de un vulgar robo, que encima es filmado de modo pedestre. Como robo cinematográfico es un desastre.

El mayor pecado del film es tener a un guionista vago. El libreto es, a todas luces, malo. Pero malo y sin gracia. Malo e incoherente. Malo y aburrido. Malo sin el más mínimo sentido de lógica (de alguna, aunque sea disparatada).

Sobre el resto del film, no hay demasiado que decir. El nivel de actuaciones es bastante decente : Nigel Green le brinda dignidad a su villano (el único problema es interpretar a un Conde italiano con un marcado acento británico), Nancy Kwan despliega su encanto como la secuaz china, y John Llarch reemplaza sin gracia a James Gregory como jefe de Matt Helm. Chuck Norris aparece en un fugaz rol como un esbirro de Contini en la pelea en el bar (¡vapuleado por Dean Martin!). Pero sin duda el mayor mérito del film es la participación de la malograda Sharon Tate como la torpe agente británica Freya Carlson (éste fue su último film antes de perecer masacrada por el Clan Manson en Agosto de 1969). Es un clon del personaje de Stella Stevens en “The Silencers”, y la que salva la nota (su timing cómico es realmente bueno), y el “feeling” con Martin funciona muy bien. Pero lamentablemente cuando Tate no está en pantalla, el film cae en un sopor casi insufrible.

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Al final de la cuarta entrega, se anunció una quinta película de la serie Matt Helm que iba a titularse The Ravagers, como la novela de Hamilton publicada en 1964. Sin embargo, Dean Martin rehusó volver a encarnar al personaje y el proyecto fue cancelado.

Posteriormente el personaje volvería en 1975 en una fugaz serie televisiva donde Helm era un agente de la CIA retirado, trabajando como detective privado y con Anthony Franciosa como intérprete (una muestra más de la falta de inteligencia que prolifera en Hollywood - ¿nunca pensaron en adaptar literalmente las novelas de Hamilton, en vez de inventar ideas estúpidas sobre el personaje?).


En el 2002 se había anunciado un proyecto sobre Helm, dirigido por el mismísimo Spielberg, pero tantas veces se han anunciado tantas cosas ....

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